Las pulsaciones se disparan y esta cuesta parece no tener fin. Nos miramos de reojo y nos damos fuerzas unos a otros, como un empujón psicológico. Las bromas de hace unos minutos se han quedado allí abajo, rezagadas, a una altura de 600 metros que nosotros ya hemos abandonado hace rato; cuando el corazón no estallaba y la inclinación de esta lengua de asfalto sin fin no era del 18, tal vez del 20%. Nos estamos enfrentando a la subida de la Ermita de los Tres Juanes y aquí no se raja nadie… pero no nos adelantemos.

Después de la Holi Run. Después de la lluvia.  

El día había amanecido perezoso, con un cielo medio cubierto que todavía se quitaba de encima restos de las nubes del sábado, cuando unas lluvias esporádicas dejaron a más de uno con ganas de salir con ‘la burra’. Pero como cada domingo, el equipo BTT 300 nos reunimos frente al Gimnasio Viva Gym. Puntuales, o casi, a eso de las 9 de la mañana para ponernos rápidamente al día de las novedades de cada uno, como la nueva Trek de Juanma, una maravilla de tonos fosforitos. Faltaron algunos de los habituales, la Holi Run pasó algo de factura.

Así que con la protocolaria foto de familia lista, nos pusimos en marcha dirección a la Vega de Granada. El frío parecía que no sería el protagonista de la jornada y de hecho algunos ya se atrevieron a salir de corto. Terminaría por sobrar ropa al final de la jornada. Pero no durante el calentamiento, camino de la Ermita de los Tres Juanes.

Foto Familia Ermita

Bordeando el Genil consumimos los primeros kilómetros de la etapa para posteriormente girar a la derecha en dirección a Atarfe, donde Sierra Elvira dominaba el paisaje. Y donde cada vez más cerca, nos esperaba el gran reto del día. Pero no antes de atravesar Atarfe y sus peculiares monumentos ‘rotondísticos’. Un espectáculo de la ingeniería urbanística.

El muro

Fue buena idea aquello de pararse en la base de la cuesta para aligerar ropa. El camino que teníamos ante nosotros hasta llegar a la Ermita de los Tres Juanes ya lo sugería con un trazado que desaparecía torciendo a la izquierda para ocultar lo peor de su recorrido. Los árboles que flanqueaban los primeros metros del recorrido no nos engañaron. Íbamos a sudar. ¡Y cómo!

A algunos se les hizo más complicado el inicio hasta que entraron en calor. Otros lo pasarían peor llegando al zigzag de mitad de camino. Pero todos llegamos con las pulsaciones a tope y una sensación de victoria que nos acompañaría durante el resto del día. Habíamos peleado cada metro de los aproximadamente 300 que separan el suelo de la cima en la que se alza la Ermita de los Tres Juanes. Ahora tocaba disfrutar de las vistas, reponer fuerzas y mirar hacia el siguiente objetivo: El Torreón de Albolote.

Torreón de Albolote.jpg

Era el momento de pasarlo bien con un sube-baja que nos llevaría hasta el otro lado del monte, a esa reliquia del pasado que merece la pena visitar, sea tan sólo por enamorarse del valle del Genil. Y de Sierra Nevada, al fondo, blanca y arropada en unas nubes que poco a poco irían ganando protagonismo durante la tarde.

Pero no antes de que pusiéramos rumbo al Embalse de Cubillas. La mayoría se lo pasaron ‘pipa’ con un descenso técnico hasta la base de la colina. El terreno estaba un tanto suelto y agrietado pero nada que los espartanos no pudiéramos superar. Otros tantos decidieron bajar por el camino habitual. Afortunadamente no nos dio por bajar por el sendero que nace justo bajo el Torreón, otros compañeros ciclistas nos advirtieron de que el terreno estaba en malas condiciones y que no era buena idea. Una vista desde la base de la colina lo confirmaría.

A estas alturas de la ruta quedó confirmado que la inversión en unos Walkie Talkie fue apresurada: con la llegada de nuestra compañera Cristina, BTT300 tiene megáfono oficial y sistema de comunicación patentado. Ya lo están investigando las Fuerzas Armadas para incorporar el ultrasonido como sistema de comunicación. O como arma.

El ‘tour’ del Cubillas

Muchos de nosotros hacía bastante tiempo que no pasábamos por el embalse de Cubillas y la salida del último domingo supuso un bonito reencuentro y la excusa perfecta para sumar kilómetros al recorrido. En total y según el GPS de algunos compañeros, el circuito completo tuvo algo más de 50 kilómetros. Los justos para llegar hasta la Chana y descansar con una cerveza fresquita. El Güejareño fue el garito escogido y un bocata de carne en salsa nos ayudó a recuperar fuerzas.

ermita 3 juanes

Algunos tuvieron ánimo para una segunda ronda mientras que otros se desperdigaron ya para casa. Y afortunadamente, porque al filo de las 2:30 de la tarde comenzaría a descargar una lluvia que ya permanecería durante todo el día.

En definitiva, una estupenda salida y posiblemente la última que hacemos con abrigo de invierno. Oficialmente es primavera y ya va siendo hora de sol. Y de muchos kilómetros juntos.

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