Algo te tiene que gustar mucho para levantarte a las 6 de la mañana de un domingo. Debe hacerte sentir ese cosquilleo, ese nerviosismo placentero. Para nosotros esas sensaciones llegan los días previos a una carrera de bici: miras el track una y otra vez, planificas tu estrategia, intentas comer y descansar un poco mejor –intentas-. Hasta que suena el despertador y casi no te cuesta levantarte. Por delante tienes una jornada de puro disfrute con tus compañeros, una jornada que el pasado domingo tuvo nombre propio: XVI Hiponova.

El poniente granadino tiene recovecos verdaderamente espectaculares.  Me lo contaba un compañero del club ciclista Gallipatos de Parapanda, buenos conocedores de la zona. Y así lo pudimos comprobar durante una ruta que nos llevó desde Villanueva Mesía hasta Montefrío. En el camino, subidas técnicas en las que incluso hubo que echar el pie a tierra, como en el Barranco de los Pinares, bajadas divertidas como pocas en las que los frenos se ponen a prueba y parajes naturales que para muchos eran desconocidos.

Hiponova XVI

Anécdotas tuvimos muchas. Que si Paco a punto de terminar en el fondo del barranco, que si los del tándem dándolo todo en las bajadas -¿cómo puede correr tanto ese armatoste?-. Yo me quedo con la llegada a Montefrío, con ese gigantesco peñasco al que se agarra una iglesia que parece contemplarte a cada pedalada que das. Al principio solo ves la cima. Luego, poco a poco el pueblo se va descubriendo ante ti, con el contraste del marrón, el azul y el blanco. Es una imagen que te acompañará el resto de la carrera. Como cuando subes ese muro de cemento a situado a la salida de Montefrío; sí, ese con picos del más del 20% que te pone el corazón a tope.

Aquí el enlace de la galería fotográfica

Después llegó un prolongado descenso de regreso a Villanueva Mesía, en donde nos esperaba un buen manojo de espárragos como simbólico trofeo. Y cerveza. Y arroz. Lo cierto es que en el club BTT300 nos lo sabemos montar bien. Con carpa –grande Pirri-, jamón, bota de vino… Porque el ciclismo es saber sufrir con los compañeros, pero también disfrutar. Y nosotros en eso somos expertos.

La XVI Hiponova queda para el recuerdo por su recorrido, ni muy exigente ni demasiado asequible, pero sobre todo por la excelente organización. Por supuesto, digo esto de manera totalmente imparcial y sin pensar en la paletilla que recibimos y a la que espero poder hincarle el diente pronto.

Enorme la Hiponova. Volveremos el año que viene.

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