Es de acuerdo común. Queremos irnos a vivir al Cortijo del Chorrillo. En serio, de hecho ya casi tenemos hasta los trabajos designados, a saber:

  • A Juanlu, nuestro presi, le ponemos de coordinador de todos. Tiene paciencia y capacidad demostradas tras largos años en el campo docente.
  • A Juan Tenorio le dejamos la administración de la finca, para que le saque rentabilidad al negocio.
  • A Miguel Ángel lo nombramos traductor oficial, por su extendido dominio de los lenguajes animalescos.

Y así podríamos seguir durante un buen rato, porque tras nuestra última visita nos hemos vuelto a enamorar de este maravilloso paraje de la Sierra de Huétor. Eso sí, tocó sufrir para llegar, porque le estamos cogiendo el gustillo a eso de explorar nuevas rutas y tirar por el camino más difícil. Tiene sentido. Así es mucho más divertido.

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El más difícil todavía

Como viene siendo habitual, en cada ruta buscamos cualquier excusa para abandonar el asfalto cuanto antes y meternos por veredas. Nos gustan con curvas. Y sobresaltos. Cuanto más escarpadas mejor y si pueden tener río de por medio, la diversión está asegurada.

Así que ante la perspectiva de seguir por carretera hasta Jun para encarar Alfacar y Nívar, lo más lógico, desde nuestra filosofía, era tomar un pequeño desvío para terminar en tierra de nadie, en lo más profundo de un barranco que luego había que subir. Porque en esto del ciclismo de montaña hay una regla no escrita: si un camino parece demasiado bueno para ser verdad, posiblemente no lo sea.

En nuestro caso, nos topamos con un viejo conocido: un ascenso por tierra y terreno fracturado con picos del 20 % de pendiente. Una maravilla que nos obligó a echar pie a tierra y terminar esa parte de la ruta con la bici a cuestas… ¿A todos? ¡No! Tres valientes espartanos, yo me atrevería a calificarlos de héroes de la patria, consiguieron culminar la ascensión sin bajarse de sus monturas – Alex, Jaime ‘Seguros’ y servidor-.

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Tras tamaña gesta y con el corazón rebosante de orgullo, el grupo se puso en marcha camino al cortijo de Carialfaquir. Allí nos recibiría de manera agradable y sin levantar la voz el ganadero local, todo un ejemplo de la virtud y el sosiego que caracterizan al granadino de a pie.

Los mil y un caminos de la Sierra de Huétor

A estas alturas, algunos ya hemos pasado muchas veces por algunos de los caminos más conocidos de la Sierra de Huétor. Y no por ello nos deja de sorprender la gran belleza que encierra este inmenso Parque Natural. Cada visita es única porque siempre descubrimos detalles nuevos que nos animan a volver.

En esta ocasión nuestro destino fue ese paraíso con el que abría la crónica, el Cortijo del Chorrillo, cuya situación no tiene nada que envidiar a los parajes más bonitos de los Pirineos o los Alpes. Sea la época que sea, visitar este cortijo y su entorno significa bucear en un mar de hierba verde y verse rodeado por montañas de piedra viva.

Cerramos la jornada sin incidencias de importancia, aunque sí con el pinchazo de Álvaro, que fue reparado con profesionalidad por 6 ó 7 espartanos, que se tomaron su tiempo para que el resto pudiéramos debatir sobre lo divino y lo humano.

Aunque la ruta terminó un poco más tarde de lo habitual, un selecto grupo de espartanos, con Paco como líder indiscutible, terminaron degustando unas cervezas bien fresquitas y, dice la leyenda, alguna que otra copa de media tarde. Todo sea por el ciclismo.

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