Dicen que aquel guiso olía a gloria. Que la chimenea todo lo mejora y que si hubieran insistido, los cinco valientes espartanos que llegaron al Cortijo Chaquetas el pasado domingo hubieran degustado un menú propio de dioses. Las vistas, espectaculares; la ruta, divertida y exigente a ratos. Pero el verdadero sabor de la jornada lo dejó aquella perola humeante, más fantaseada que degustada. También aquel ambiente entre lo real y lo mágico, escondido por allá arriba, por la Cortijuela, donde el Trevenque hace sombra.

La bicicleta de montaña es uno de los pocos deportes capaces de proporcionar estas anécdotas, de transportarnos en el tiempo y hacernos participes de momentos anclados en el pasado. Puede sonar ingenuo, tal vez pueril, pero cuando uno se ‘arriesga’ a recorrer un sendero que no conoce, cuando visita hogares ajenos a expensas de la hospitalidad de lugareños, se aviva esa chispa del explorador que todos llevamos dentro.

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Tal vez por eso nuestro pequeño club no para de crecer, de incorporar nuevas caras como las de Kike, Eva o Rafa, tres amigos y compañeros que se vienen a sumar a la familia de ciclistas que estamos creando. Poco a poco, como en una subida prolongada de esas que tanto nos gustan, BTT300 va tomando la forma que los socios queremos que tenga.

Y queremos que sea un club solidario con sus compañeros. Como con Claudia, a quien se le rompió el freno trasero y no pudo llegar hasta el Cortijo Chaquetas. Por mucho esfuerzo que pusieron nuestros compañeros en arreglar la avería, Claudia tuvo que volverse a casa antes de lo esperado; no lo hizo sola, Enrique regresó con ella en un gesto de solidaridad que es importante destacar.

Queremos que sea un club flexible, para todos. Como cuando en cada salida se diseñan varias rutas de escape para aquellos que van más flojillos o tienen más prisa. Como este pasado domingo, en el que tan solo Kike, Manolo, Antonio, Héctor y Alex terminaron la ruta, mientras que otros tantos compañeros regresaron antes en pos de conseguir sitio en la terraza del Almudena.

Porque sí, queremos un club que sea desenfadado. Como en los terceros tiempos que no pueden faltar y que se alargan hasta que el sol muere en el horizonte y Paco se pide la penúltima. Como en las cenas de Navidad en la que nos conocemos mejor y empatizamos unos con otros hasta que nos tienen que echar del pub.

Dicen que aquel guiso olía a gloria. La verdadera gloria es compartir estos momentos todos juntos.  

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